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No hay un Desfile Negro

I’m just a man, I’m not a hero
Just a boy, who had to sing this song

Welcome To The Black ParadeMy Chemical Romance

Todo es muy blanco, demasiado blanco hasta enceguecerte la vista. No tengo idea de dónde estoy ni por qué, pero supongo ya tendré tiempo para averiguarlo, pues por algún motivo en mi cabeza está la sensación de tener tiempo de sobra. Hay demasiada tranquilidad al grado de asustar a uno, por contradictorio que suene. Y sin embargo, espero.

Hago memoria. Muy bien, muy bien. Voy a contarte esta pequeña tragedia. Es de noche y voy por la calle con audífonos. No una buena idea, ya lo sé, pero qué se le va a hacer. Malos hábitos como ese llevan a uno a la perdición. El punto es: uno no se imagina su muerte de esa manera. Ya no se puede ir tranquilamente por la calle, dando saltos y bailando torpemente al ritmo de una canción para nada bailable. El yo de ese entonces es feliz, se deja llevar por la alegría del momento con la misma facilidad con la que un cuchillo corta mi carne. Spoiler alert! (Ya sabes a dónde va esto, de todos modos).

Pasa tan rápido que uno no puede procesarlo como es debido. Un golpe ahí, otro allá. Teléfono y posesiones varias me son arrancadas, entra cuchillo, salen las tripas (ok no) y entonces ya estoy hecho bolita en el piso. ¿Recuerdas esa escena de Scott Pilgrim tirado en el piso después de ser atravesado con una espada por Gideon Graves? Pues algo así, pero sin la hermosa edición, los brillantes efectos digitales ni el cartel de “Muerto” apuntando con una flecha sobre fondo negro. Y de la nada, ¡pum! Abres los ojos y encuentras puro color blanco alrededor. Y sí, por años uno se la pasa escuchando del bello cielo y la tranquilidad y bla bla bla, pero mi emo corazón estaba esperando ser rodeado de negro y con la lúgubre melodía de un jodido piano. Y el desfile, obviamente. ¡Ni siquiera está Gerard Way esperándome con una medalla!

Suspiro, me acomodo algunos mechones sueltos de mi enmarañado cabello y veo mi suéter favorito rajado a la altura del hígado. Pudieron haber hecho un arreglo con esto, ¿saben? Pienso en buscar un buzón de quejas y sugerencias, pero recapacito al pensar que al menos no me trajeron desnudo al viejo y apacible Más Allá.

Bueno, ahora sé cómo llegué aquí. ¿Cuál es mi propósito? Ni idea. ¿Lo descubriré? Tal vez. ¿Cómo iba la canción? Empiezo a tararearla en mi cabeza, pues la letra, misteriosamente, no llega a mí. La verdad me ha tomado por sorpresa la facilidad con que uno trasciende de un plano a otro. No hubo un vórtice en el tiempo o unas místicas escaleras mecánicas. Simplemente fue un abrir y cerrar de ojos, nada de burocracia angelical de por medio.

Camino, camino y camino, esperando encontrar algo o alguien. Por algún motivo continuo dando saltitos, como hiciera algunos minutos (¿Minutos? ¿Horas? ¿Años? La noción del tiempo es muy extraña aquí) atrás.

Pero me encuentro con la nada. No están Miedo ni Arrepentimiento, no hay una Madre esperando por mí. Ni siquiera el recuerdo de un padre ausente. Solo mi presencia, aunque está ese presentimiento raro de cuando alguien se queda mirándote, y luego esa noción cambia por la de ser ya el momento de al fin irse. ¿Pero a dónde? Muerto ya estoy y no hay más a dónde ir.

¿Habrá una transformación? ¿Renaceré? ¿Podré seguir comiendo papitas con helado? Ah, demasiadas preguntas, pocas respuestas. Y demasiado aburrimiento. Quizá esto no es el cielo y el infierno sea pasar la eternidad abandonado y aburrido en un espacio infinito. Eso explicaría la ausencia de mi anhelado desfile.

Y sin embargo, me encuentro en paz. No hubo una resolución en formato 24 cuadros por segundo (otra de esas mentiras que cuentan sobre el Más Allá), no hubo emoción, ni drama. Solo una añorada y desconocida tranquilidad.

Dejé un buen recuerdo, al menos. Es lo único que podemos dejar, y estoy conforme con ello mas no satisfecho. Después de todo, ¿cuánto puede hacer un chico jugando a ser un hombre a sus veinte y tantos años de vida? Me tiro boca abajo en el inexistente piso (les juro que estar aquí es un desafío mental, demasiado blanco lo confunde a uno) y admiro la inmensa existencia de la nada y el todo.

A lo lejos puedo vislumbrar una sombra, como una silueta. Doy un paso en su dirección, y aún sin saber en dónde estoy, sé que iré a dónde tenga que ir. Al fin, después de tanto tiempo, he encontrado un camino a seguir.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

En esta ocasión no hay mucho que añadir. El relato está inspirado en un suceso de mi vida que enfoque en un What If (lo cual es obvio, de lo contrario no estaría aquí escribiéndolo). Sin embargo, en ese entonces no hubo un enorme blanco, sino todo lo contrario. Afortunadamente, ya que si hubiera ido hacia ese espacio, otro bato estaría narrando esto (?).

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