#12M12R, #TanitDribs, Relatos

No hay más viajes en el tiempo.

Dicen que la ciencia que no se puede explicar representa la magia para nosotros. A la espera de una cabina azul piloteada por un Señor del Tiempo, no puedo evitar el anhelo de perder mi mirada en el cielo nocturno e imaginar las posibilidades infinitas que este me ofrece. Viajar por el cosmos, descubrir cosas indescriptibles para la humanidad, y quizá, dentro de este mismo ensueño, dar rienda suelta a las posibilidades y poder retroceder en mis pasos, descubrir dónde he fallado y remediar mi destino.

Es 3 de diciembre y anhelo. Ya he pasado por este camino antes, y no es sorpresa tropezarme con la misma piedra. O quizá es mi mentalidad jugando bromas conmigo. He indagado en el pasado ajeno, he comprendido razonamientos externos, y sin embargo, sigo en un círculo vicioso. El otro yo que vive en la oscuridad de mi ser se ha mantenido callado, cauteloso, pero divertido ante mi accionar. Oculto tiempo atrás con mis avances, esperando la oportunidad adecuada para atacar por otro camino. Una risa malvada, un ataque al corazón esperado.

No hay cabina ni viajero que me permita volver atrás y aleccionarme sobre este futuro aciago. No poseo la magia, la ciencia. Aún tras viajar por el cosmos bajo la luz azul y el poder místico de la marihuana, me encuentro indefenso y sin conocimiento alguno. Creí estar en control de mis actos, pero ahora camino solo por la calle, recordando muy bien momentos felices.

¿Estoy haciendo drama innecesario? Es posible, siempre lo es. Pero no puedo evitar seguir pensando en deshacerme de esta sensación, de cómo intenté insistentemente en no caer en esta situación, de no volver a abrir mi corazón. Oh, este maldito anhelo de dejar todo atrás, por una ocasión, perderme en la infinidad del cosmos, huir cobardemente de mis problemas y aventurarme en la infinita soledad del espacio.

Pero esa magia esta fuera de mi poder. Es imposible tomar ese camino. Una vez más debo enfrentarme al destino, como aprendí de aquellos héroes a quienes por años he admirado. Apechugar las emociones, dar un paso al frente y seguir el camino que he trazado. No hay más viajes en el tiempo.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

Y con este relato termina mi participación en el Reto Anual de Tanit. Nuevamente doy rienda suelta a mis conflictivos sentimientos para dar forma a este relato, el cual espero sea de su agrado.

Se aceptan sugerencias y comentarios.

#12M12R, #TanitDribs, Relatos

Una última vocal. Una última consonante.

Una sonrisa, un saludo, una mirada confidente. Charlas sin llevar a ningún sitio, salvo el conocerse mutuamente. Kilómetros andados, huevos encubados, miradas cómplices producto de los puntos en común. Andar como pingüino, maravillarse con los misterios del universo, conocidos aquí y allá. Un montón de papas, unas cuantas películas.

Un beso tímido, un beso anhelado, otro demandante y uno más con nuestras ropas desperdigadas por el suelo. Me deleito con cada centímetro de piel pálida. Saboreo sus texturas, los pliegues que conforman la anatomía de tu ser. Aspiro tu perfume corporal, extraño pero agradable. 

Eres el reflejo fiel de aquello con lo que ha sido complicado conectar. He andado por carreteras imposibles buscando aquello que me ha sido proveído sin haberlo esperado. Has llegado de improviso, provocando felicidad y placer. No ha habido ese cosquilleo del que todos hablan, sino solo paz, interrumpida por el ominoso recuerdo del pasado, uno que no libera.

Sueños perdidos, ilusiones brumosas. Una ciénaga de momentos por vivir convertida en un cementerio de lo que podría ser. ¿Es esto un autosabotaje? ¿O es solo indecisión?  ¿Miedo? ¿Gozo? ¿Placer? Muchas preguntas, pocas respuestas. Tomar decisiones es difícil, aventurarse a correr riesgos lo es aún más. La felicidad es efímera, el gozo se esfuma. Pero el anhelo sigue ahí. 

Y ahora, ¿qué hago yo con todo esto?

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

Originalmente salieron más de 1,500 palabras para este relato. Pero tras una larga revisión, decidí que era demasiado personal para compartirlo aún. Quizá en unos años pueda liberar el Mauricio Cut, but who knows.

Gracias por leer, comentar y compartir.

Relatos

Puntos fijos en el tiempo

Los puntos fijos en el tiempo son momentos en el continuo espacio-tiempo en el que se establecen los eventos en piedra y nunca, nunca pueden cambiar, no importa qué.

The TARDIS Datacore

Hay puntos fijos en todo el tiempo donde las cosas deben quedarse exactamente de la manera que son. Éste no es uno de ellos, esta es una oportunidad. Pase lo que pase aquí va a crear su propia línea de tiempo, su propia realidad, un punto de inflexión temporal. ¡El futuro gira en torno a ti, aquí y ahora, para hacer el bien!

Doctor Who

Llegas a un punto en el que, por algún motivo inexplicable pero a la vez lleno de lógica te preguntas cómo comenzó todo. La respuesta a ello está llena de variables. Así que decides partir del cliché con la esperanza de no llegar a él. Los recuerdos comienzan a surgir. Es la víspera de Halloween. Un hola fue suficiente, un nosotros te vamos a apoyar. Eran cuatro y al final sólo quedó uno, quien resultó ser el mejor.

Actúas como haces con toda la gente nueva que se cruza por tu vida: ignoras todos y cada uno de sus aspectos, ya sean físicos o intelectuales. Ese bloqueo mental que te impide hacer nuevas amistades a la primera. Porque le temes al cambio. Así que día a día los ignoras, por mucho que estén frente a ti. Les das unas cuantas ordenes, les deseas suerte, una sonrisa de compromiso y a volar. Eres amable, sí, pero no vas más allá de eso. No vale la pena, te dices.

Pasa el tiempo y te das cuenta que él se va volviendo el líder. Es con quien te diriges, a quien empiezas a darle cierto poder y está bien. Y no será la primera vez que eso suceda. Hay cierto magnetismo en su forma de actuar, en sus expresiones y en la forma en cómo dice las cosas. Ese magnetismo lo vuelve un líder nato, piensas.

Y luego llega el primer punto fijo. El primer chispazo, aunque quizá no te das cuenta de ello.

Afuera llueve y tú estás aburrido, pues debiste haber salido de ahí dos horas atrás, o algo así. Pero no. Ella, tu amiga, tiene mucho trabajo pendiente aún, y ambos no se sienten a gusto como para dejarla sola ahí. Es prejuicioso y lo saben, pero por algún motivo no le tienen confianza a ninguno de ellos, pero tampoco es que ellos se abran mucho hacia nosotros.

Empieza a sonar música de su celular. Suena Panic! at the Disco y luego sigue Paramore, y después llegan al punto que te hace levantar la mirada y pasar de ser el pseudo jefe al chico divertido que sueles ser. “¡My Chemical Romance!”. Sí, él puso a tu banda favorita, sin saberlo, como música de fondo. Le sonríes y empiezan a hablar de música. Como primer avance es bueno. Sonríes por ello. Acabas de romper la primer barrera. Ahora ya no es un niñito cualquiera con pinta de vándalo, ahora es alguien con quien tienes algo en común.

Decides ser más flexible. Dejas de ser frío y comienzas a ser amable con él, con todos. Ahora sabes que es el líder de los cuatro. Te diriges a él y solo a él. Comienzan a conocerse, lentamente, sí, pero no hay problema con ello. Ya habrá tiempo para que lo conozcas, ¿sabes? Y no te arrepentirás de ello.

La normalidad, la rutina, el trabajo y las ganas de salir de ahí se convierten en algo diario. Todo sigue su ritmo, y en tu vida hay alguien más, o eso quieres creer. Te llevas bien con el tipo. Salen al café, al cine, a beber alcohol y escuchar música que detestas pero que comparten por algún motivo estúpido, tan estúpido como todo lo que forma parte de nuestras vidas. Pero no estás a gusto. Sabes que es un intento de amistad, con un plus. Un plus que tampoco te llena, no te satisface. Toman un paseo nocturno en coche al ritmo de Zoe, a las afueras de la ciudad, y todo acaba entre ustedes. Y entonces llega la paz. Efímera, pero la encuentras y te embulles en ella.

Llega la época festiva. Las luces de colores y los adornos invaden la ciudad, y en tu lugar se empiezan a adecuar al espíritu festivo. Deciden que es buena idea festejar con ellos y a ellos. Un festejo solo para ustedes, los jóvenes rebeldes que día a día aportan su grano de arena para levantar ese lugar. Todos están reunidos en la mesa, comiendo, bebiendo, charlando y deseando que el siguiente año todo sea felicidad y éxitos.

Y llega el segundo punto fijo en el tiempo.

Está sentado frente a ti. Aún recuerdas vagamente su playera a rayas y su suéter, su mirada perdida, una ligera incomodidad en su rostro, debido quizá a que aún los conoce muy poco. Su compañero de aventuras está a su lado, con la misma incertidumbre en los ojos. Piensas que ambos están sorprendidos de formar parte de este gran grupo, casi familia. Sonríes y decides invitarlo a la plática, misma a la que se integra con cierta renuencia. Decides que te cae bien, que quieres hacerlo tu amigo. No lo haces de manera consciente, pero lo haces.

Hay algo lindo en él, de eso te das cuenta. Y te llama la atención. ¿Será su aparente inocencia? ¿O acaso esa sonrisa contagiosa? En una escala del 1 al 10 lo dejas en 2, siendo optmistas tal vez un 6. Pero muy dentro de ti una semilla acaba de ser plantada. No te das cuenta, y no sabes cómo ni por qué, solo te dejas llevar por el momento. Pero inmediatamente lo ignoras y dejas que tu vida siga su curso. La prueba: ellos se van y no te importa en lo absoluto. La música tiene un ritmo particular esa noche, y después no recordarás con exactitud lo ocurrido.

Y el tiempo prosigue, al igual que tú. Y conforme éste avanza, tú empiezas a ser considerado un amigo. Le tienes estima. Te cae bien y sabes que es responsable, así que vas depositando tu confianza en él.

El comienzo del año es difícil. Ves tus días pasar encerrado en ese lugar. Te sientes como un elfo doméstico. A veces ellos están ahí para ayudarte, a veces no. Y no te importa, pues las tardes son más divertidas con juegos de mesa y películas.

Los días siguen cayendo del calendario, y no recuerdas el cómo, no sabes con exactitud el cuándo, pero el tercer punto fijo en el tiempo llegó. Ahora son amigos, y lo sabes. Comienzan a compartir aficiones, experiencias, risas. Los otros tres te importan lo mismo que el crecimiento del pasto en tu jardín, pero él cada vez te cae mejor. Bromeas con él, haces travesuras con él, te quejas con él y haces muchas cosas con él. Sabes que has encontrado a un amigo nuevo, uno de esos que te hacen falta.

Un chico nuevo llega al lugar. Pequeño, indefenso, cabello bonito y más inocente de lo que su apariencia refleja. Tiene la misma edad que él. Vaya, hasta comparten el cumpleaños. Lo ves llegar e inmediatamente decides lanzártele, puesto que te recuerda a uno de los personajes de una serie que compartes con él. Y por él me refiero a tu él, así en cursivas. Y llegas al que crees es el cuarto punto fijo en el tiempo. “¿Crees que sea gay? Porque pienso que es muy guapo y lo quiero para mí.” Sí, así de ridículo sonaste, pero en su momento no te importó, puesto que él solo se burla de ti y te dice que es menor que tú, cómo puedes pensar eso. Pero después él se abre y afirma que es guapo.

Ambos sospechaban el uno del otro, y este chico nuevo los hizo sincerarse. Han llegado a una nueva etapa. Ahora saben que sus gustos van más allá de libros, música y películas. A ambos les gustan los chicos. Y eso es cool, lo sabes bien. Y entonces dos nuevos tópicos se unen a sus conversaciones; el primero: ¿quién se te hace guapo?, el segundo: esto es una cacería, y uno de los dos tiene que quedarse con el chico nuevo.

Es divertido acosarlo juntos. Este chico nuevo tiene tantas dudas. Y sabes aprovecharte de la situación. Y él también. Y todos se dan cuenta, pero les siguen el juego. Por que es divertido. Pero conforme pasan los días pierden el interés, como suele suceder con cosas que no valen la pena.

Y entonces él concluye su propósito inicial en el lugar, en su lugar. Te vez obligado a decirle adiós, junto a los otros, pero no lo haces como se acostumbra. La oportunidad se da, sabes que tienes que hacerlo. No solo por él, sino por los cuatro. Y aún así no lo haces, porque no quieres que se vaya, sin saber por qué.

Te vas de viaje por una semana. Guadalajara: amigos, internet de alta velocidad, conferencias sobre tecnología y por supuesto, sexo casual. Tienes que probar cosas nuevas, y esta es la oportunidad perfecta. Olvidas todo y a todos, y te diviertes como nunca. Aprendes muchas cosas nuevas. Conoces gente. Te pierdes en los aromas de la ciudad. Y sabes que estás pasando por un gran momento de tu vida. Lo que no sabes es que después de este viaje, tu vida tendrá un cambio radical, que si bien no es inmediato, en los siguientes meses se ira preparando para darte el golpe brutal.

Quinto punto fijo en el tiempo.

“Me gusta él”, te dice. Y piensas que es adorable, aunque el otro tipo, el cual es uno de los compañeros del lugar, no sea de tu completo agrado. “¡Woow, que cool! Deberías hablarle”. Y así lo alientas a hacer algo de lo que te arrepentirás con el tiempo. O tal vez no, es una cuestión confusa. Él te pide consejo, y tú como buen amigo lo auxilias. Y quizá haya ocasiones en que te lamentes por ello, pero en su momento te pareció una idea adorable. Él te cuenta sus desventuras, de sus efímeras citas con el otro sujeto, y tú solo asientes y lo ignoras. No es un tema que te importe, pero lo escuchas porque es tu amigo, y los amigos deben escucharse el uno al otro.

Pero las cosas no funcionan entre ellos, y ves como él se da golpes de pecho por ello. Te das cuenta de ello a través de las largas conversaciones nocturnas que mantienen. Y eso hace que el otro tipo te siga cayendo mal.

Durante tu ausencia en Guadalajara, un chico nuevo con pinta de hipster y bonita barba ha llegado para echar una mano. Tú, él y el chico nuevo se vuelven amigos, y las tardes son el momento ideal para estar hablando de chicos, de sexo y de planes a futuro. Los tres son hombres, de edades tan dispares, pero mantienen una cercanía y una confianza que con el tiempo se desvanecería, pero no por falta de interés (o eso quieres creer) sino porque la situación no lo permite.

Llega tu cumpleaños, y el ser egocéntrico que vive dentro de ti es feliz por ello. Pero te das cuenta de que algo falta. Todos en tu lugar te felicitan y te abrazan, a pesar de que odias los abrazos; y por algún motivo, muy en el fondo, te preguntas porque él es el único que no te dio tu abrazo de cumpleaños. Sabes que los odias, pero quieres que él te abrace. Y te quedas con las ganas.

Retrocedes en tus recuerdos. Te has adelantado un poco. Es julio y conociste a alguien. Un chico demasiado Hufflepuff para tu gusto, pero te cae bien y te parece genial. Forjas inmediatamente una camaradería con él. Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Salidas y muchas pláticas. Te sientes feliz un poco y presumes de ello con tus amigos, con él.

Pero la felicidad, por algún mandato divino, te es efímera nuevamente. Y a pesar de que ya no lo ves, no te sientes mal por ello. Tomas vacaciones y fangirleas con tus obsesiones.

Y llegaste al punto de no retorno. Aquel que estuvo germinando sin que te dieras cuenta, y había surgido el primer fruto de ello: el sexto punto fijo en el tiempo.

Vacaciones: una semana donde una vez más te olvidaste de todo y de todos. Cambiaste tu corte de cabello, delegaste responsabilidades y volviste con una actitud renovada. Te pregunta que por qué no lo visitaste en esa semana, y solo respondes que no ibas a pasar tus vacaciones en el lugar. Aún así sabes que extrañaste hablar con él, y fue lo único que extrañaste del lugar.

Pasan las tardes y por algún motivo no ardes en deseos de ir a tu casa y procrastinar, pues es más divertido estar con él. Y si acaso se te ocurre querer irte antes, él te pide lo contrario. Y eres feliz con ello. Y son amigos y está bien. Y hablan de tonterías y está bien. Y se cuentan cosas que no le dirían a nadie más y está bien. Y lo más importante de todo: tú estás bien. Te quedas por él, y empiezas a hacer cosas por él, y está bien. Es tu amigo, tu confidente, alguien que forma parte de tu vida.

Y llega una tarde, en la que tú estás aburrido como una ostra. Has acabado con tus deberes del día y solo esperas que den las 3 en punto para irte y seguir teniendo una vida común y corriente. Y luego entra él dirigiéndote una enorme sonrisa, y sientes algo que no has sentido en mucho tiempo.

Un subidón de adrenalina. Una llamarada de fuego corroe tus entrañas. Todo tú eres inexplicablemente feliz. Y esto sucede en el lapso de un segundo, tal vez dos. Porque inmediatamente te sacas de onda y sabes que no está bien, que no es correcto. A tu mente viene el dilema que Harry tiene respecto a Ginny, pero ésta vez lo sientes más cercano, y comienzas a comprender la complejidad del mismo. Te recriminas a ti mismo. Empiezas a auto-negarte. Tratas de darle vuelta a la hoja y olvidar el asunto, lográndolo con un relativo acierto. Pero sabes que ya no hay vuelta atrás, pues el séptimo punto fijo en el tiempo te ha alcanzado.

Él te cuenta de como le va con el otro tipo, quien ahora definitivamente te cae mal, y sabes el por qué (aunque no lo aceptas): porque no sabe lo que se está perdiendo con él. Lo aconsejas mientras le tiras mierda al otro tipo, y él te recrimina por ello. “Lo siento” es todo lo que dices, sabes que es una disculpa sincera, pero no por el otro tipo, sino porque no quieres verlo sufrir. Decides que él tiene que seguir su camino.

Llega un evento grande, una obra teatral en la que todos participamos en la organización, y el otro tipo llega con alguien más y tú estás tranquilo con ello. Pero hay personas que no saben leer una habitación, y donde manda capitán no gobierna marinero, así que el otro tipo y él se ven obligados a reservar una mesa. Te enteras de ello y un terrible monstruo lanza un rugido de furia desde tu estomago. Sabes que son celos, pero los ignoras, los niegas.

La noche se pasa rápidamente, y tienes dudas sobre lo que pasó durante el tiempo en que ellos estuvieron solos. Quieres saberlo, pero no sabes cómo. Ignoras el tema y vuelves a meterte la idea de olvidarlo. Sigues pensando que no es correcto.

En los últimos días hay algo de lo que ambos hablan. Una película, un libro, un actor. Y comparten su primer película juntos. Has dado un paso más, pero casi lo arruinas por impuntual. Y luego él viene con que le contaron spoilers de la película, y te sientes defraudado por ello, pues deseabas descubrir los secretos del filme en su compañía.

En el camino de regreso del cine hablan del otro tipo por petición tuya. Él te dice que todo quedo atrás, que no hay nada entre ellos y ya no lo habrá, y le fiera que salió a relucir en el pasado ahora es un manso gatito ronroneante. Purr purr purr. Y algo nuevo surge en ti esa noche.

Y tu vida adquiere nuevos matices: te quedas hasta tarde, platicando y riendo con él. Sweet Disposition suena de fondo y te sientes über cool con todo lo que te rodea. Te vuelves en algo más que un amigo, te vuelves en su confidente. Y eso te llena como nunca.

Y todo está bien y en orden hasta que llegas al octavo punto fijo en el tiempo. Una noche previa a un evento en el lugar hablabas de los planes que tienes para el mismo. Ambos saben que estarán de cacería, y te divierte el concepto de cazar en su compañía. Habrá muchos hombres, algunos guapos, algunos feos y algunos otros vestidos de mujer, pero eso no te importa, pues él estará a tu lado. Llegado el momento ambos concuerdan sobre uno en particular, y él te anima a ligártelo, pero tú estás más divertido en su compañía y dices no. Él te reta y tú te niegas. Entonces él se lanza, y a partir de ahí todo cambia para ti. Admiras su coraje para lanzarse así como así a un completo desconocido. Y el completo desconocido lo invita a sentarse con él, y sabes que cumplió su meta.

Pero en el momento en que él lo acompaña, la bestia despierta una vez más, y está vez está colérica. En cuestión de segundos pasas de estar divertido a estar completamente enojado. Abandonas el lugar y buscas refugio. Alejarte de él y pensar las cosas con perspectiva. Pero no puedes, porque te estás muriendo de celos, celos que no deberían de existir, celos que tratas de convencerte que son propios de la amistad. Celos, celos y más celos.

Al siguiente día, tras una pizza y algo de melancolía aceptas al fin algo que con anterioridad pensabas que quizá fuera solo un capricho, una idea absurda. Ese domingo llegaste al noveno punto fijo en el tiempo, el primero que decides tomar de manera consciente.

Él, tu ayudante, quien pensabas que era un vago, que poco a poco se fue ganando tu amistad, quien te hacia reír y pasar las tardes. Lo aceptas al fin. Es difícil y lo sabes, duele y lo sabes, pero lo anhelas sacar a la luz y lo haces. ÉL TE GUSTA. Y eso te hace sentir feliz y triste al mismo tiempo. ¿Qué pensará de mí ahora? ¿Qué pasará si le digo?

Haces un primer acercamiento esa misma noche. Hablas como si nada con él, y en medio de la conversación un tanto insustancial hablas de regalarle un libro por su décimo octavo cumpleaños, algo que sabes que valorará. Y es feliz con ello. Y tú con él.

Y empiezas a ser detallista. Llevas Nutella, hot cakes, le haces halagos y lo alientas a descubrir y aceptar sus fortalezas y debilidades. Y cada que él te regala una sonrisa tu eres inmensamente feliz. A veces metes la pata y haces cosas con las que él, quizá de broma o no, no está a gusto. Y eso te hace sentir mal y querer buscar la forma de solucionar eso y sacarle una sonrisa. Porque sus sonrisas te llenan y te hacen ser feliz de una forma que no considerabas capaz de sentir.

Y día a día te sientes consumir por el deseo. No un deseo físico, sino espiritual, emocional. Solo quieres abrazarlo y tenerlo a tu lado. Su aroma se vuelve una adicción para ti. Su forma de hablar, de moverse, de expresar lo que siente y piensa es un deleite para tus sentidos. Te imaginas saliendo con él, te dan ganas de presumirlo a todo mundo, y cuando tienes la oportunidad lo haces. Porque eres feliz estando a su lado y la gente se da cuenta de ello. Ardes por hacerlo tuyo. Pero no puedes, pues él no sabe que tú te mueres por su ser. Y eso empieza a ser un problema.

Te ahogas lentamente en ello que la necesidad de revelarlo se vuelve acusante y dolorosa. Le dices a ella, tu amiga en el lugar. No esperabas la respuesta que te dio, o tal vez sí. Y sabes que tiene razón. Te gusta, y no porque sea obvio, sino porque es lo más lógico.

Y comienzas a tener esperanza.

Y día a día lo ves. Lo sientes tan cerca, tan lejos. Y duele. Duele mucho. Pero aún no llegas al punto culminante, solo sabes que el momento de la verdad se acerca.

Desde que aceptaste tus sentimientos por él solo estuviste tú a su lado. Había halagos de ambas partes, hablaban de muchas cosas. Incluso una vez él te lamió y tú casi lo mordiste, todo en una actitud de juego. Pero llegó un nuevo mes, y en el volvió el otro sujeto, de quien creías ya no volver a ver por el lugar. Y él fue el catalizador de todo evento posterior.

Halloween había vuelto. Un año de conocerlo y vivir tantas cosas juntas. Y él te lo recuerda. “Nunca me hiciste mi despedida”. No sé que responder a ello, o sí lo sé pero no quiero decirlo, no aún. Y luego el otro tipo, quien en tu fuero interno es un imbécil, entra en acción. Existe la expresión “anda tras él como mosquita muerta”, y vaya si lo definía completamente. ¿Pero qué podía hacer si nunca había revelado mis sentimientos hacia él? Esa noche lo dejé pasar. Fue un lapso terrible de celos pero tenía que pensar con perspectiva y actuar con madurez.

Y lo logré por un día más.

Y llegó el 3 de noviembre, donde nada volvió a ser igual, para tu mala suerte.

Décimo punto fijo en el tiempo.
Demasiado estrés, demasiadas actividades por un día, y la guinda en el pastel su abominable y despreciable presencia. Sí, la del otro tipo. Y eso jodió todo. Deseaba que mi confesión fuera algo especial, en algún lugar bonito, con la música adecuada. Generar un entorno favorable. Un café, un parque. Algo que fuera tan especial y tan valioso como él lo es para mí.
Pero soy un idiota. Media cajetilla de cigarros, cuatro copas de vino tinto y una actitud nada amigable se convirtieron en los elementos que adopté esa noche. Y luego digo que el imbécil es otro. Le pedí que me acompañara porque tenía algo que decirle, pero no tuve las agallas en esa ocasión. Pasaron los minutos y tuve una segunda oportunidad, y en las escaleras decidí hablar.

“-Creo que voy a meter la pata, como siempre. Pero quiero decirte algo. Quiero contarte por qué nunca te despedí cuando tu servicio a mi cargo se acabó, contarte por qué me quedo hasta tarde contigo, por qué el otro tipo me cae mal.”- respiré y me senté a su lado. El silencio entre ambos era palpable, muy a pesar de todo el ruido por los festejos del evento de ese día. Me pellizqué la pierna y escupí mi secreto: “-Me gustas Omar. Un chingo. Y no como amigo.-” Él se rió y me abrazó, lo cual me confundió. “-Lo sé Mau. Pero este no es el momento. ¿Podemos hablar de ello mañana?”.

Y acepté.

Y el mañana se volvió una tortura. No tuve la oportunidad de verlo ni de hablar con él, cuando estaba en mi lista de prioridades. Ese día me bajó la presión y devolví tanto el desayuno como la comida. Me sentía agobiado, aterrado y terriblemente nervioso. No dormí en la noche, y mis pensamientos sólo lo abarcaban a él.

Llegó el miércoles y con el el onceavo punto fijo en el tiempo.

Él estaba ahí. Y también había un elefante en la habitación con nosotros1. Así que me apoyé en esa metáfora para comenzar a hablar, para revelarle mis sentimientos, para ser honesto de una vez por todas. Conté a grandes rasgos toda esta historia que he escrito, añadiendo detalles donde eran necesarios, parafraseando algunas cosas. Él me habló de sus miedos, de las ventajas y las desventajas que habría si nos dábamos la oportunidad. Y yo ingenuamente tuve esperanzas.

Esa plática concluyó de la forma más mortal posible. Un beso. Uno que me llevó al cielo y al infierno al mismo tiempo. Hablamos por algo más de una hora, y el momento de decir adiós había llegado. Pero él se acercó a mí. “No tengo una respuesta para ti ahora, pero sí tengo esto para ti”. Y sus labios se acoplaron a la perfección con los míos. Su aliento era delicioso, y su forma de besarme me cautivó, provocando que diera lo mejor de mí en ese beso. Mis manos buscaron sus hombros para acércalo más y más a mí, y él respondió favorablemente. Después nuestras frentes quedaron pegadas una a la otra, y el beso terminó.

“¿Sí?” Me preguntó.
“Sí”, le respondí.

Nos abrazamos, un abrazo intenso, confidente. “Ay Mau, Mau, Mau”. Reí para mis adentros. “Omar, Omar, Omar”. Y escondí mi cara en su cuello, pues el momento era genial, hermoso incluso. Aspiré su aroma, más intenso en su cuello. Comencé a besarlo, hasta llegar nuevamente a sus labios, labios que me recibieron como a un viejo amigo. Y nuestro beso se reanudó, más fuerte que el anterior. Mi lengua recibió permiso para entrar a su boca, al igual que la suya en la mía. Nuestra respiración era agitada. Nuestras manos buscaban unirnos más y más.

Un ruido nos separó. Algo asustados fingimos reanudar nuestras actividades. Mientras yo recogía mis cosas él se hizo un café. Aguardé. Y por tercera ocasión en ese día nos volvimos a besar, pero si el segundo fue intenso, éste lo fue aún más. Terminamos pegados al refrigerador de la cocina, pues todo su cuerpo temblaba, sobre todo sus piernas. Nuestras manos exploraban el cuerpo del otro, buscando no separarnos, uniendo nuestras formas a la perfección.

Esa noche me sentí como nunca. Feliz, satisfecho, con ganas de seguir explorando sus labios, su mente y su cuerpo.

Pero el destino nunca ha sido mi amigo.

No lo vi al otro día, pero no me desanimé por ello. Y al siguiente de ese le regalé unos chocolates. Verlo sonrojarse me hizo feliz. A pesar de mis deseos por tener sus labios de nuevo junto a los míos, esto no fue posible. No quería apresurar las cosas. A lo largo de esa semana intenté salir con él, pero el trabajo en nuestro lugar es demandante, y esto no fue posible. Sin embargo, yo no desistí.

Él vale la pena el riesgo.

Pero una semana después de nuestro beso, supe que algo iba mal. Ese día me sentía mal, y esperaba que él lo notará. Si lo hizo no fue tan notorio, incluso pudiera decir que fue nulo. Eso me molestó y le reclamé por ello. Algo de lo que al otro día me arrepentí. Después vino un concierto, al cual habíamos prometido ir juntos, en tiempos en que él seguía en desconocimiento de lo que me hacía sentir. Nunca me confirmó su presencia al mismo, a pesar de que sí fue. Esa noche fue la primera vez que lloré por él.

Al día siguiente yo asistí al lugar. Deseaba ver la película de ese día y conocer a su director de paso. Él actuó normal. Pero solo por un rato. Cuando todos se fueron era obvio que yo solo estaba ahí por él, pero él me ignoró y lo mismo hice yo. Las cosas se fueron de mi control y terminé con la sentencia de que algo entre nosotros no podía ser, que lo mejor era seguir siendo amigos.

Él no dijo nada.

Y no lo vi por semana y media.

Y el doceavo punto fijo en el tiempo fue un punto en que las lagrimas y la tristeza fueron mis acompañantes.

Yo odiaba verlo, porque estaba enojado con él. Pero no podía estar enojado con él. Y muchos me preguntaban si sabía acaso lo que le pasaba, puesto que actuaba distante, enojado, indiferente, dolido. Así que decidí que no me iba a rendir. En mis manos poseía unos tirantes que él me prestó para una fiesta, algo que guardaba como un tesoro entre mis pertenencias. Pero tenía que regresárselo, no porque él me lo hubiera pedido, sino porque era la ocasión perfecta para entregarle un chocolate y una nota, que en inglés decía:

“…and they say I’m a stupid for still wanting to be with you.
But you know what?
I don’t care.”

A partir de ese momento supe que no había vuelta atrás. Había llegado al treceavo punto fijo en el tiempo.

A esa declaración de intenciones le siguieron una tarjeta confesando que para mí él es un chico muy atractivo; un cuaderno de viajes -acompañado de lapicero y lápiz- un chocolate y un poema de mi autoría. Ante estos dos él me regalo la más grande de sus sonrisas, y me agradeció por ello, tanto virtual como personalmente.

Mi amiga me ayudó con el cuarto detalle. Mediante engaños lo llevó a la sala de nuestro lugar, le entregó una tarjeta donde le decía que ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que le dije que me gusta mucho.

Y cuando las luces se apagaron, el show dio comienzo.

One Direction y Teen Wolf fueron mis aliados en esta ocasión. Le hice un video, que conjuntaba sus dos cosas favoritas en el mundo, contando una historia, misma que se puede leer a lo largo de todas estas páginas. Espero que haya captado el mensaje tras ello. Cuando llegué con él, no se percató de mi presencia. Me encontraba atrás de su lugar y vi como entonaba con pasión la canción, que sabía de memoria. Cuando ésta llegó al punto decisivo (el coro a cargo de Zayn Malik) me acerqué a él, lo abracé y le canté al oído:

“Ive never had the words to say,
But now I’m askin’ you to stay
For a little while inside my arms,
And as you close your eyes tonight,
I pray that you will see the light,
That’s shining from the stars above.”

Al concluir esa parte, me coloqué a su lado y lo tomé por los hombros, y él recostó su cabeza en el mío. El video concluyó y supe que más que gustarle le había encantado. Se tapó la cara con las manos, y la oscuridad de la sala nos brindó el ambiente perfecto para un abrazo, pero yo me atreví a más y lo besé. Un beso tranquilo, que me respondió. Y ambos salimos sonriendo de ahí.

Y fui feliz por un día más.

Luego volví a joderlo todo. Y supe que me estaba auto-engañando una vez más. Le pedí que fuera mi acompañante en cierto evento nocturno. Su excusa fue bastante obvia, pero mantuve la esperanza de que eso cambiara. No lo hizo. Y esa noche exploté, a tal punto que me lastimé las manos (conservando aún la pequeña cicatriz por ello), rompí uno de mis zapatos, aflojé una banca y cojeé por un par de días. Necesitaba golpear cosas.

Prometí olvidarme de él todo ese fin de semana. Emborracharme y no verlo. Pero fallé en ambos aspectos. Lo busqué solo para decirle, una vez más, que es el chico más atractivo que he visto. Y a pesar de que lo intenté, la cerveza no tuvo efecto alguno en mí.

¿Por qué me hace sentir todo esto? He conocido a muchos hombres en el poco periodo de mi existencia, así que no me considero un experto en el tema, pero a pesar de ello, la interrogante persiste: ¿qué lo hace a él tan especial para ponerme de este modo?

Mi tiempo terminaba. Ambos lo sabíamos. El catorceavo punto fijo en el tiempo nos alcanzó.

Decidí concluir todo en la cima del lugar. Un campanario nos vio sentarnos a admirar el paisaje bajo nuestros pies. Hacia viento. “No me vas a tirar, ¿verdad?”. Nos reímos de su estúpido comentario. Tenía planes para él, me sentía optimista al respecto, a pesar de todo. Le adelanté su regalo de navidad: un colguije de un lobo con un triskelion, el emblema de hombres lobo de Teen Wolf, del que él se quedaría con una copia y yo con la otra, pero no se lo dije. Él es el alpha, y yo el omega.

Aproveché la oportunidad para reafirmar lo que él ya sabía: que estoy completa, honesta y conclusivamente enamorado de él.

Y después de mes y medio desde que fui honesto, él decidió hacer lo mismo. O algo así. Y supe fingir muy bien. Lo tomé con calma. Escuché lo que tenia que decirme. Acepté que él me viera como un amigo, que no sintiera lo mismo que yo siento por él. Sabía el riesgo y lo tomé.

Por última vez tomé sus manos. Por última vez pude verlo a los ojos con pasión. Por última vez pude aspirar su delicioso aroma, y deleitarme con su juvenil atractivo. Por última vez lo besé. Un beso tranquilo, de despedida.

Y juntos decidimos que seríamos amigos, que trataríamos de volver a los viejos tiempos. Nada de ignorarnos, solo hacer como que nada pasó.”El mundo no es una fábrica de conceder deseos”, recuerdo que alguna vez lo mencionó. Y muchos dicen que hay bastantes peces en el mar para escojer, pero como él me dijo, eso no es lo que quiero escuchar, porque ambos sabemos que lo que siento por él es algo honesto e intenso. Es la primera vez que me enamoro de esta manera. Ahora trataré de no quererlo de la manera en que lo hacia. Y no es bonito ni está bien. Sé cómo se siente respecto a mí, y eso es liberador, pero no por ello deja de dolerme.

Y muchos conocen a Mauricio o a Mauro, aquel que es sarcástico, egocéntrico, divertido, obsesionado con sus fandoms, distraído, torpe, locuaz; pero solo él pudo sacar a Mau de muy adentro de mí, el que es detallista, que le gustan los abrazos, el que ve el mundo con arco iris y siempre piensa positivo y le gusta hacer feliz a la persona que le encanta.

Me gusta un chingo este dude. Estoy jodido como nunca antes. Él es mi Summer, y yo soy un simple Tom, pero cuando uno ama a alguien, es un placer dedicarle tiempo. Esperaría cien vidas por vivir una a su lado. Soy un hombre que ha caído en la estupidez más grande: estoy enamorado. No puedo evitar verlo y querer quitarle su tonta sonrisa a besos. Aún así le adoraré como lo hacía en mi mundo de sueños ideales. Porque olvidar lo que siento por él será sin duda difícil y doloroso, pero lo haré con gusto si eso me devuelve a su lado.

Este es el quinceavo punto fijo en el tiempo, aquel en el que digo su nombre, en el que busco dejar todo atrás y comenzar de nuevo.

Esta es la historia de Mauricio, aquel que se enamoró de Omar.

#12M12R, #TanitDribs

Para Oliver

El humano estaba preocupado. Tarde era ya y nuevamente no estaba preparado, dejando todo hasta el último momento. Pese a mi corta existencia acompañándolo, ya estaba acostumbrada a verlo ir corriendo de un lugar a otro, siempre aventando todo, regañándose a sí mismo por siempre retrasarse y prometiendo al vacío ya mejorar para la próxima. Pero esta ocasión era distinta.

Llego corriendo, abriendo su computadora y buscando frenéticamente algo. Tras mirarme de reojo y comprender mi mirada, me explico que se le había olvidado imprimir la foto. Ya sabía qué foto buscaba, y ambos sabíamos que esa foto debía haber estado impresa desde tiempo atrás. No había pasado tanto tiempo, después de todo, desde que mi antecesor me explicó qué hacer en estas situaciones, cómo calmar al humano y qué hacer en caso de una crisis como la que vivíamos en estos momentos. Así que, tras regañarlo mentalmente y escuchar sus “sí sí sí, prometo no tardarme tanto” me acomodé a lado suyo y observe su labor.

Habían escogido juntos la foto que se usaría. Ambos sabían que reflejaba fielmente la magia de la que mi antecesor fue poseedor. Estaba orgulloso de siempre saber cómo posar ante las cámaras, desenvolviéndose naturalmente entre la modernidad tecnológica y la magia arcaica que corrió por sus venas.

Tan rápido como la encontró se apresuro a copiarla en uno de sus muchos artilugios y se fue corriendo a imprimirla, sea lo que significara eso. Por mientras, preparé la escena. Con una de mis patas toque la caja de madera donde sabía se encontraban sus restos, usando mi magia para llamar a su espíritu. Tardaría en llegar, claro está, pero me confortaba saber qué está sería la oportunidad de que viera cómo había progresado como familiar.

Cuando el humano volvió, esperé sentada y observe cómo decoraba la caja. Unas cuantas flores, comida y unas velas con la llama más deslumbrante que había visto. Encima de la urna, la foto de mi antecesor, tan majestuoso como lo fue en vida. El humano comenzó a sollozar, así que lo acompañe y con una de mis patas le transmití la vibra que desprendió mi antecesor al llegar.

Acompañados solo de la luz de las velas, ambos se reunieron de nuevo, después de tanto tiempo.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor

Relato inspirado y dedicado a Oliver, mi gato y familiar, que nos dejó hace unos cuantos meses.

Gracias.

#12M12R, #TanitDribs, Relatos

Reflejo verde

Frente al espejo veía la nada absoluta. Mi reflejo había desaparecido, pese a tenerlo devolviéndome la mirada. Simplemente mi mente había desconectado de mi cuerpo y me era imposible distinguir los delicados contornos de la realidad y la fantasía. Era como vivir bajo el efecto de un pan encantado, enmarcado bajo la terrible ausencia de sus placenteras sensaciones.

Deje de no observarme para recibir a la bruja que me ofrecía una copa de cristal. Sin pensarlo demasiado, la acepté y bebí el liquido verde, de un brillo agradable y perfumado con notas de menta, eucalipto y mejorana. Beberle me daba dos posibilidades: el éxito, o la caída. ¿Hacía que lado se inclinará la balanza? Me convencí de mi talento para considerarme digno de sus poderes, y tener así acceso completo a la libertad.

Sentía el fuego abrasador de la bebida, y poco a poco el reflejo en el espejo comenzó a adquirir forma. No era su reflejo de siempre, sino la versión idealizada de quién siempre fue. Le agradó ver la enorme cantidad de adjetivos con los que fantaseaba reflejarse en la mirada de su otro yo. Sin dudarlo, sabía que ese era su destino, y sabía que estaba solo a unos centímetros de alcanzarlo. Tenía que intercambiar lugares con ese otro él, y todo estaría resuelto para la posteridad.

Pero sus pies estaban atascados, y podía sentir cómo el resto de su cuerpo comenzaba a sufrir la misma parálisis. La bruja tomó asiento, y comenzó a reír junto a mi reflejo. “Otro fallo”, alcancé a escuchar.

Frente a mí pude observar cada momento no de mi vida vivida, sino de mi vida posible. Un cruel vistazo al cementerio de lo que podría ser, ahora definitivamente cerrado para mí. Que cruel, que horrible forma de perder. Tener un vistazo a aquello con lo que siempre soñé.

Una brisa movió ligeramente mi cabello. Mi cuerpo se relajó al fin. Cerró mis ojos, a la espera de lo inevitable. Mi reflejo me atravesó como un cuervo atraviesa la sombra de los árboles, y sin más, mi alma abandonó su cuerpo mortal, jamás testigo del bello horror reflejado con mi ultima expresión.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios.

#12M12R, #TanitDribs

Un tiro entre ceja y ceja

Alguna vez escuché por ahí la teoría de que en una buena historia, el protagonista tiende a abrir los ojos. Suena ridículo, claro, más si quien lo afirmo no profundizó en su idea. Los talleres de literatura suelen estar llenos de un variopinto grupo de participantes, con distintos grados de conocimiento sobre la misma, pero ya fuera en sentido literal o figurado, estuve de acuerdo con aquella premisa. Y claro, esta es la historia de cómo abrí los ojos.

Mi largo idilio amoroso con Marco solo podía terminar de una forma: con un agujero entre ceja y ceja. Una decisión drástica, pero claro, no te he compartido el contexto. Verás, en su momento el bato llegó oportunamente a mi vida, pues me encontraba en la cúspide del éxito laboral, económicamente estable, físicamente envidiable y con una soledad desesperante. El amor es ciego y fui lo bastante obtuso para no darme cuenta de sus intenciones. Era amable, cariñoso, sensual y logró llenar los vacíos de mi existencia (entre otros lugares que también supo rellenar).

Pero entre más se sube, más se baja. Y no hay mayor bajada en la vida humana en general que un Apocalipsis. Cortes en la energía eléctrica global, exposición de las criaturas sobrenaturales que poblaban nuestras fantasías, rebeliones ante el capitalismo y un invierno nuclear producto de las explosiones atómicas fueron motivos suficientes para mandarnos como sociedad al carajo. Y el primero en huir y poner su trasero bajo resguardo no fue precisamente mi persona. En cuanto comenzaron los problemas fui el primero en desear refugiarme en un lugar aislado, lejos de todo privilegio y seguro con los medios provistos por la siempre amable naturaleza, pero la simple perspectiva de abandonar las comodidades humanas fueron suficiente motivo para que Marco huyera con el primer hombre adinerado con rumbo directo a uno de esos lujosos refugios anti Apocalipsis creados para la elite mundial.

Con el corazón destrozado, deambule cual Hobbit en la Tierra Media, siempre procurando mi bienestar, resguardándome de la lluvia y no quedándome demasiado en un sitio, iniciando así mis reencuentros con el idiota anterior.

El primero de ellos, claro, cuando los ricachones de su refugio se mataron unos a otros por ver quién tenía los huevos más grandes en un mundo independiente del yugo financiero. Arrastrándose imploró mi ayuda bajo la suave extorsión de los buenos viejos tiempos, y como amante de la nostalgia, lo acepté. Ingenuo fui, pues las costumbres son difíciles de dejar atrás y así como me aferré a los recuerdos del pasado, se aferró él a la espalda de un motorista que recorría las derruidas carreteras en este fin de los tiempos.

Con los años aprendí a rememorar su existencia con los caminos de mi nómada vida, idealizándolo como hicieran Bella y el Aviador con sus respectivos Edward y Principito. Esa idealización logró mi supervivencia. Y cada que me sentía listo para continuar sin él, emergía del mundo de los sueños hacía el plano material. Ya fuera con otro grupo de sobrevivientes, ya fuera huyendo de una horda de mutantes nucleares, siempre regresaba a mis brazos, atormentándome pues me era imposible rehuir de él. Secretamente anhelaba esos reencuentros, pues me sentía más vivo que nunca cuando las lagrimas caían de mí con cada una de sus partidas.

Pero así como huía de mí en cada oportunidad otorgada por el destino, así comenzó a huir de mis sueños. Primero dejó de responder a mis largos monólogos, después dejó de visitarme en mis sueños. Abandonó cada recoveco de mi mente pese a las muchas puertas mentales abiertas en su búsqueda. No podía concentrarme en seguir, pues el motor para continuar no estaba a la vista. Me encerré en mí mismo en medio de la nada, maldiciendo la extinción humana y la falta de psicólogos para atender la extinción de mi alma. 

No supe en qué momento el arma llegó a mis manos, pero cuando estuvo ahí sabía qué hacer. Había dejado de cazar animales, pues estos fueron las primeras víctimas de la polución. Estuve deambulando por un tiempo. Las caras de los pocos en vivir reflejaban cansancio, pues cualquier esperanza se había esfumado con los rayos del sol. Mi expresión, sin embargo, contrastaba con las suyas, pues había encontrado un nuevo motivo para dar cada paso. Quedaba una solo opción, un solo tiro, matar o morir, lo que la paciencia brindara primero.

El bosque dio paso a la carretera, y esta se convirtió en las ruinas de una ciudad olvidada tiempo atrás. Parecía apropiado morir en donde nací, cerrar el ciclo y trascender a la otra vida. Quizá por ello no me sorprendió verlo nuevamente ahí, en medio de la nada. Había saboreado por tanto tiempo este último reencuentro que no me permití disfrutarlo como debía, pues antes de poder regocijarme en ese placer, mi idiota favorito ya decoraba con su sangre los cimientos destruidos del edificio donde compartimos ideales y anhelos.

Dicen que el mundo se construyó para dos, que solo merece la pena vivir si alguien te quiere, y bueno baby, ahora tú lo haces. Me despido de tus grandes brazos, del recuerdo de nosotros borrachos viendo las estrellas, tomo el arma que cargabas hace unos minutos atrás y canto nuevamente para ti.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

No pude evitar referenciar una de mis canciones favoritas de Lana del Rey. Kudos a quién capte la no tan sútil referencia.

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios.

#12M12R, #TanitDribs, Relatos

Hiperosmía no identificada

Nunca supe cómo definirlo, pero sí como identificarlo. La primera vez que percibí su aroma, supe a dónde me conduciría. Su porte me impresionaba, pues era un hombre que, con su simple postura, lograba remarcar su presencia en cualquier lugar. No era el más alto, tampoco el más guapo, sino del tipo de chico con quien uno se encuentra cómodo en su presencia. Esa cercanía me permitió identificarlo con simplemente olerlo. 

No de una forma incómoda, como acercarte groseramente a su cuello y esnifar como si fuera una mesa con rayas de cocaína, sino del modo sutil del café de llenar la cocina con su delicioso aroma. Gracias a dicha analogía pude reconocer mi fascinación por él. Podía encontrarme tranquilamente realizando mis deberes y saber de su presencia no por la vista ni tampoco por el oido, sino por el olfato. Una mezcla curiosa a elementos indefinidos y dispares de naturaleza y artificialidad. 

Busqué entre sus lociones y su jabón corporal al culpable de esa fragancia deliciosa, tratando de justificar mis sentimientos hacia él, pero nunca encontré a quién agradecerle. Simplemente era su ser completo quien me proveía de esa sensación de tranquilidad y deseo. 

Sufrí horrores cuando, a raíz de la pandemia, fui privado de percibir su esencia tras habernos contagiado en una de las múltiples salidas que, como rompes, teníamos por cumplir para abastecernos. Sin embargo, eso no impedía tenerme cada noche fantaseando con tenerlo cerca mío, sin cumplirlo como deseaba. 

No podía evitar compararme con una versión menos grotesca y quizá menos enferma que el tal Jean-Baptiste Grenouille, pero la idea de tener a ese hombre cerca mío, solo para tener su aroma más cerca, me obsesionaba. Traté de hacer un avance, un par de copas de vino, una noche de videojuegos y la camaradería por delante para poder abrazarlo, sentirlo y por qué no, olerlo. Vainilla, pino, loción de afeitar, vino tinto, plástico de cocina, algo de cloro, nueces, fresas… mentalmente repasaba cuantos elementos pudieran ser un punto de comparación para poder identificarlo, pero solo pude encontrar uno que se acoplara a lo que buscaba: Fernando, su nombre.

Era la única forma de definirlo correctamente. Saberlo e identificarlo pude proveerme de la paz anhelada por tanto tiempo, y fue inevitable sellar ese descubrimiento con un beso, propiciado en uno de esos múltiples brazos tras la espalda que nos dimos mientras nos machacábamos en el Smash.

Cruzar la barrera de no solo percibir su aroma, sino también saborearlo fue demasiado para mí, más aún tras descubrir lo bienvenido que eran mis labios, mis manos y mi cuerpo con ese beso.

–Miguel…

La mención de mi nombre me descolocó. Sonó más a afirmación que a un llamamiento.

–¿Sí?– pregunté mirándolo a los ojos y perdiéndome en ellos.

–Oh, nada. Una tontería, en realidad. Llevo meses tratando de descubrir a qué hueles y ahora lo descubro.

Ambos nos sonrojamos, y es entonces cuando reparo en el cambio de suavizante en mi ropa después de su ofrecimiento por lavarla, de sus intentos porque me probara sus outfits antes de su partida a su trabajo y de su interés por mis rutinas de cuidado corporal.

Continuamos besándonos, felices de descubrir al fin nuestras respectivas lociones favoritas.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

La hiperosmia es un trastorno poco frecuente en el que existe un aumento de la sensibilidad olfatoria, es decir, son personas con umbrales olfatorios inferiores a los normales. Normalmente se da en mujeres durante la menopausia y el embarazo, pero ya vimos como a los pobres de Fernando y Miguel también les dio.

#12M12R, #TanitDribs, Relatos

Rituales de humo

–¿Y estás seguro de que no nos va a pasar nada?– pregunté, con el miedo asomándose en mi tono.

–Qué va a pasar algo. Te juro que lo que pasaba en la película era de a mentis, al final ni se morían.– dijo Fernando, mientras tomaba uno a uno los fetiches que trajimos Silvia, Araceli, Ricardo y yo.

La idea inicial era reunir a tres o a siete personas (según la película vista por Fernando, esos números eran poderosos), pero Ricardo y Araceli escucharon nuestros planes y decidieron unirse a nuestro malvado plan. Era la kermés bimestral en la primaria José María Morelos y Pavón. El atardecer se aproximaba y muchas personas se habían retirado ya de la escuela, pues era sábado por la tarde y seguramente los padres de familia no pensaban ni dejar a sus hijos ni pasar toda una tarde encerrados en la escuela.

Nosotros nos cocinábamos aparte. Eramos el grupito de los inteligentes, los bien portados, aquellos que no rompen un plato. Quizá por eso mismo pasamos desapercibidos al dirigirnos al salón de usos múltiples de la escuela, una construcción ya desde años en obra negra. Abandonada y solo usada en raras ocasiones, pero aún así, sin la seguridad básica que aporta una puerta funcional.

Desde que Fernando viera esa película, cuyo nombre ahora no recuerdo, le había obsesionado la idea de jugar a la Ouija. Con el paso de los años bastó solo un poquito de cultura para darnos cuenta de que aquello no tenía nada que ver en realidad con el famoso juego de invocar espíritus. O quizá sí, en su muy particular manera.

Velas, sal y un largo mantel blanco fueron los primeros artilugios colocados en el frio piso de concreto del salón. Enorme como una catedral, a los ojos de un niño de 7 años, el salón era húmedo, oscuro y provocaba un eco impresionante con el simple sonido de un cerillo siendo frotado para provocar la llama destinada a encender las velas, dando así inicio a nuestro particular ritual. Nuestra fechoría era simple: contactar con algún espíritu o ente y ver qué pasaba en realidad.

Emoción y terror nos embargaba a los cinco niños presentes. Araceli y Silvia temblaban y se tomaron de las manos, pero aún así se mostraban impacientes por ver a Fer terminando de encender las velas. Ricardo vaciaba torpemente una bolsa de sal alrededor nuestro, intentando formar un círculo con ella y fallando en el proceso. Por mi parte, solo veías sintiéndome algo impotente por no hacer nada más que frotar entre mis manos una figura de plástico, imitando pobremente la caracterización de un Power Ranger sobre el cuerpo de un luchador mexicano. Fer comentó lo importante que debía ser nuestro sacrificio, para que el ritual funcionara. Debíamos llevar un fetiche y encenderlo en fuego, para que el humo resultante atrajera a los espíritus.

–¿Están listos?– preguntó Fernando, nuestro peculiar sacerdote de piernas flacuchas y shorts arremangados.

Uno a uno ofrecimos nuestros fetiches. Silvia llevó un broche, Ricardo un coche de plástico grande y reluciente, Araceli una de sus Polly Pocket, Fernando un yoyo y a todo lo anterior se agregó mi Power Ranger. Los colocamos en un plato, no queriendo deshacernos de nuestros juguetes, pero a la vez curiosos de ver el acontecer de la magia oscura.

Fer les arrojó varios papeles, prendiéndoles fuego mientras nosotros nos tomábamos de las manos. Tardó bastante en querer agarra la llama, considerando la cantidad de plástico grueso y tóxico utilizado, pero el papel era el suficiente para mantener una llama y adentrarnos en la siniestra fantasía.

Por algún motivo nuestro ritual involucraba una baraja de cartas. Una a una fueron convocadas por su nombre, y el resto empezábamos a invocar un padre nuestro. Pese al calor de la tarde, del fuego y de las velas, todos los presentes estábamos tiritando, en una mezcla de frío y nervios. Solo podíamos vernos a los ojos, rezar sin sentir lo que orabamos, asustándonos con cada ruido extraño que fuera provocado. Carta a carta fue arrojada, y al no aparecer nada, Fer empezó a llamar al maligno por sus distintos nombres: –Oh Lucifer ven a mí, Satanás te invoco, escúchanos Belcebú, ¡pinche diablo, por qué no vienes!

Rompiendo con una sonora carcajada el nerviosismo de todos.

El fuego se apagó y entre risas nos quedamos platicando sobre lo estúpida que debió ser la película de Fernando, quien visiblemente molesto solo podía defenderse diciendo lo miedosos que fuimos los demás y culpando a nuestro miedo de la falta de demonios.

Salimos de dos en dos del salón, dando por perdidos nuestros juguetes y abandonándolos en el medio del lugar, y el rojizo atardecer nos recordó lo tarde que era y de cómo la noche era una oportunidad perfecta para continuar nuestras travesuras en la comodidad de nuestras casas.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

Uno de los motivos para inscribirme en el reto de este año era poder al fin escribir dos relatos que llevan años en mi cabeza con al menos dos de las consignas mensuales propuestas por Tanit. La primera, la del relato No hay un Desfile Negro, siendo no completamente lo que me había propuesto. La otra que competía por ser escrita al fin la tienen presente en este texto, fuertemente inspirado en un suceso de mi infancia.

Sin embargo, el final de mi relato tuvo un final feliz, caso contrario a los hechos reales, donde uno de mis amigos terminó con rasguños en toda la cara, posiblemente a causa de uno de mis amigos presentes, ya que ambos se quedaron hasta el final recogiendo y nos contaron a todos como al final un ente (muy similar a Freddy Krueger) se apareció y rasguñó a mi amigo. Bendita inocencia infantil.

#12M12R, #TanitDribs, Relatos

Un rasguño en tu hombro

Hay un rasguño en tu hombro, el cual te lastima profundamente.

Tu corazón se encoge. Quieres volverte más sabio, pero no sabes cómo hacerlo.  ¿Podrás ordenar todo el desmadre que provocaste en tu interior?

Caminas, cruzando la nieve. ¿Es nieve? No, es un ruido blanco, llenando la oscuridad en la que habitas. Y puedes ver la sombra que te aleja de él. Su silueta larga, de hombros anchos y espalda recta. Cada paso tuyo hacia él es un paso suyo alejándose de ti. Estás bien enculado con él, pero nunca dirigió una mirada hacia ti.

Recuerdas los momentos de desesperación, aquellos en los que te arrastrabas implorando una migaja de atención, de cariño. Te desvives por ello, arrancando pedazos de tu corazón con cada poema mal escrito y cada fotografía tomada a escondidas.

Te desahogas con quien te preste un segundo de atención. Escribes sin tener idea alguna de lo que sientes. Las noches son largas, la música es triste. Piensas en la meta, te desvives por ella. Si logras cumplirla, ¿te estará viendo?

Andando descalzo, pasas sobre cientos de flores mortuorias, y casi sin notarlo, avanzas guiándote con la luz de una vela sostenida en la palma de tu mano. Sangre comienza a salir por tu nariz, ignorando como ésta cae en el fuego levantando una leve humareda que se mezcla con el ruido de fondo. Estás rodeado de gente, pero sus rostros son difusos. Has aprendido a ignorarlos para dejarte llevar por la obsesión que está frente a ti.

Y todos caminan tras de ti, alzando sus brazos, buscando atraerte hacia ellos y alejarte de quien posee una larga vida. Y aunque logran tirarte ante las flores, tú arrojas la vela, quemando todo aquello que esté sobre ella. El dolor de las llamas es nada comparado con el que provoca su indiferencia. Sigues arrastrándote, dejando tras de ti caos y destrucción para los tuyos. 

Y das un paso hacía él. Él da un paso lejos de ti. En tu cabeza suena y parece correcto, quieres amarlo demasiado. Quieres ser el indicado, aquel que lo ame. Pero te has estado mintiendo. No quieres estar bien. Tu corazón te aprieta, te martiriza y supura pus y dolor. No te has vuelto más sabio. De todas las cosas que has querido, en verdad no deberías tener esta.

Y hay un rasguño en tu hombro.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

Nuevamente me inspiro en sucesos de mi vida para poder sacar adelante este relato. Quienes me conozcan, sabran perfectamente este suceso. Y fue divertido sacar el relato adelante. Pese a que tuve bastante tiempo para hacerlo, como buen mexicano decidí dejar todo atrás y comenzar a redactarlo a última hora. Pero creo resultó en algo honesto y cuidado.

Además, resultó mucho más sencillo crear la historia inspirandome en la canción Foundation de Years & Years.

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No hay un Desfile Negro

I’m just a man, I’m not a hero
Just a boy, who had to sing this song

Welcome To The Black ParadeMy Chemical Romance

Todo es muy blanco, demasiado blanco hasta enceguecerte la vista. No tengo idea de dónde estoy ni por qué, pero supongo ya tendré tiempo para averiguarlo, pues por algún motivo en mi cabeza está la sensación de tener tiempo de sobra. Hay demasiada tranquilidad al grado de asustar a uno, por contradictorio que suene. Y sin embargo, espero.

Hago memoria. Muy bien, muy bien. Voy a contarte esta pequeña tragedia. Es de noche y voy por la calle con audífonos. No una buena idea, ya lo sé, pero qué se le va a hacer. Malos hábitos como ese llevan a uno a la perdición. El punto es: uno no se imagina su muerte de esa manera. Ya no se puede ir tranquilamente por la calle, dando saltos y bailando torpemente al ritmo de una canción para nada bailable. El yo de ese entonces es feliz, se deja llevar por la alegría del momento con la misma facilidad con la que un cuchillo corta mi carne. Spoiler alert! (Ya sabes a dónde va esto, de todos modos).

Pasa tan rápido que uno no puede procesarlo como es debido. Un golpe ahí, otro allá. Teléfono y posesiones varias me son arrancadas, entra cuchillo, salen las tripas (ok no) y entonces ya estoy hecho bolita en el piso. ¿Recuerdas esa escena de Scott Pilgrim tirado en el piso después de ser atravesado con una espada por Gideon Graves? Pues algo así, pero sin la hermosa edición, los brillantes efectos digitales ni el cartel de “Muerto” apuntando con una flecha sobre fondo negro. Y de la nada, ¡pum! Abres los ojos y encuentras puro color blanco alrededor. Y sí, por años uno se la pasa escuchando del bello cielo y la tranquilidad y bla bla bla, pero mi emo corazón estaba esperando ser rodeado de negro y con la lúgubre melodía de un jodido piano. Y el desfile, obviamente. ¡Ni siquiera está Gerard Way esperándome con una medalla!

Suspiro, me acomodo algunos mechones sueltos de mi enmarañado cabello y veo mi suéter favorito rajado a la altura del hígado. Pudieron haber hecho un arreglo con esto, ¿saben? Pienso en buscar un buzón de quejas y sugerencias, pero recapacito al pensar que al menos no me trajeron desnudo al viejo y apacible Más Allá.

Bueno, ahora sé cómo llegué aquí. ¿Cuál es mi propósito? Ni idea. ¿Lo descubriré? Tal vez. ¿Cómo iba la canción? Empiezo a tararearla en mi cabeza, pues la letra, misteriosamente, no llega a mí. La verdad me ha tomado por sorpresa la facilidad con que uno trasciende de un plano a otro. No hubo un vórtice en el tiempo o unas místicas escaleras mecánicas. Simplemente fue un abrir y cerrar de ojos, nada de burocracia angelical de por medio.

Camino, camino y camino, esperando encontrar algo o alguien. Por algún motivo continuo dando saltitos, como hiciera algunos minutos (¿Minutos? ¿Horas? ¿Años? La noción del tiempo es muy extraña aquí) atrás.

Pero me encuentro con la nada. No están Miedo ni Arrepentimiento, no hay una Madre esperando por mí. Ni siquiera el recuerdo de un padre ausente. Solo mi presencia, aunque está ese presentimiento raro de cuando alguien se queda mirándote, y luego esa noción cambia por la de ser ya el momento de al fin irse. ¿Pero a dónde? Muerto ya estoy y no hay más a dónde ir.

¿Habrá una transformación? ¿Renaceré? ¿Podré seguir comiendo papitas con helado? Ah, demasiadas preguntas, pocas respuestas. Y demasiado aburrimiento. Quizá esto no es el cielo y el infierno sea pasar la eternidad abandonado y aburrido en un espacio infinito. Eso explicaría la ausencia de mi anhelado desfile.

Y sin embargo, me encuentro en paz. No hubo una resolución en formato 24 cuadros por segundo (otra de esas mentiras que cuentan sobre el Más Allá), no hubo emoción, ni drama. Solo una añorada y desconocida tranquilidad.

Dejé un buen recuerdo, al menos. Es lo único que podemos dejar, y estoy conforme con ello mas no satisfecho. Después de todo, ¿cuánto puede hacer un chico jugando a ser un hombre a sus veinte y tantos años de vida? Me tiro boca abajo en el inexistente piso (les juro que estar aquí es un desafío mental, demasiado blanco lo confunde a uno) y admiro la inmensa existencia de la nada y el todo.

A lo lejos puedo vislumbrar una sombra, como una silueta. Doy un paso en su dirección, y aún sin saber en dónde estoy, sé que iré a dónde tenga que ir. Al fin, después de tanto tiempo, he encontrado un camino a seguir.

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Nota del autor:

En esta ocasión no hay mucho que añadir. El relato está inspirado en un suceso de mi vida que enfoque en un What If (lo cual es obvio, de lo contrario no estaría aquí escribiéndolo). Sin embargo, en ese entonces no hubo un enorme blanco, sino todo lo contrario. Afortunadamente, ya que si hubiera ido hacia ese espacio, otro bato estaría narrando esto (?).